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Un salto al triunfo en Nueva Zelanda

Ashelen Tejerina
Rosa Esteban, entrenadora del seleccionado de Trampolín de NZ

SUS INICIOS EN EL DEPORTE.

Venís haciendo deporte desde que eras muy chica, ¿sentiste alguna vez que por ser mujer se te exigía algo distinto, desde dietas, esfuerzos o exigencias?

Siempre ha habido diferencias en el mundo del deporte. Empecé a los 5 años y desde ahí que ya se notaba un grave problema con respecto al físico. Algo muy clásico era el que no se podía estar gorda. Luego, cuando viajas y sales un poquito, se te abren los ojos. Veías que por ejemplo las inglesas tenían cuerpos más voluminosos y, curiosamente, eran mejores que tú, entonces te decías “bueno a lo mejor no son los kilos lo que está mal y hay otra cuestión, como la técnica o el entrenamiento.” He visto muchísima bulimia y anorexia. Antes no se ponía tanto foco en el entrenamiento, sino más en el cuerpo. Realmente considero que era una imposición machista, tenías que estar delgada para justamente lucir bien en la malla. Pensá que cuando tienes 15 años, toda la concentración está en tu cuerpo y la realidad es que se debería quitar el ojo de ahí, pero era otra época, hoy las cosas han cambiado bastante.

Decís que comenzaste a los 5 años, ¿recordás algo de esos primeros años de entrenamiento?

A los 5 comencé haciendo gimnasia artística y a los 9 ya me metí a hacer lo que es el trampolín y las camas elásticas. Mi primer nacional fue cuando tenía 11 años, ya con trampolín. Fue difícil, nosotras fuimos la primera generación de gimnasia de trampolín en una ciudad de Albacete, que tenía una población como el North Shore de acá. Éramos un grupo de unas 9 chicas, nos lideraba un entrenador que era ex gimnasta del Equipo Nacional de Gimnasia Masculina. Tuvo mucha ambición y mucha pasión que nos logró transmitir. La ambición de él nos llevó lejos, incluso quizás también hasta donde yo estoy ahora.

¿Sentís alguna vez que dejaste cosas de lado por el deporte?

La verdad que no, nunca me arrepentí de nada. Si bien entrenábamos todos los días 2 horas, yo no me he sentido nunca presionada para hacerlo. Yo decidía ir a entrenar, me encantaba. Si me ha pasado que mi familia se ha ido de vacaciones y yo me he quedado entrenando. Pero en ningún momento mis padres me han presionado para que entrenara, ellos realmente no tenían mucha idea del deporte. (Risas).

¿Cómo llegaste entonces a dedicarte profesionalmente al trampolín teniendo en cuenta que ellos no estaban tan interesados en el tema deportivo?

Fue básicamente porque mi hermano tenía asma cuando era chico y mis dos primos tenían muchos dolores de espalda, entonces fueron al médico y les recomendó que hicieran gimnasia y yo, por consiguiente, caí ahí. Al final yo terminé siendo la única que lo disfrutaba, la única que iba contenta. Ellos dejaron y yo seguí.

Entrenando para Japón 2019

Pero no sólo te quedaste con el trampolín, ¡también te metiste en el rugby!

Empecé a los 25 por una amiga que me insistió. No tenían equipo femenino en la universidad donde entrenábamos y por eso lo hacíamos con los chicos. No jugábamos mixto sino que nosotras lo hacíamos con el equipo de Valencia que está como a 200 km. Tengo los mejores recuerdos de jugar al rugby allí. Y ahí es donde conocí a mi marido. Él era cirujano de un hospital de Albacete, es argentino y amante del rugby. Unos amigos le dijeron que fuera a entrenar ahí y fue para allá. Y ahí surgió el amor. El deporte une (Risas)

Estabas enamorada, tenías trabajo, hacías deporte. ¿Cómo se cruza por tu mente irte de España?

Todo fue por la crisis europea, allá por el 2012. Yo en ese momento tenía dos trabajos, era entrenadora de gimnasia en un club, mi jefe era mi antiguo entrenador. Además estaba como interina de profesora de gimnasia, lo que sería una profesora de suplencias, pero era casual eso, podías tener una suplencia de un mes como de tres meses. No se podía contar como algo fijo tampoco. Y la cosa es que, ese mismo año, me quedé sin esos dos trabajos.

Tenia 30 años y me encontraba viviendo con mis padres, sin trabajo, sin dinero y con la crisis europea encima


¿Qué edad tenías para ese entonces?

¡Yo ya tenía 30 años! Me veía viviendo con mis padres, sin trabajo, sin dinero, con la crisis encima. Era todo malo. Y bueno ahí fue que pusimos nuestros ojos en esta parte del globo, Nueva Zelanda y Australia. Pero yo ignorante e ilusa de la vida, empecé a mandar cvs para todos lados pensando que sería fácil. No tenía idea de Visas, ni de IELTS ni de nada, pero como la ignorancia es muy valiente, mandaba. Empecé a notar que como maestra de colegios costaba mucho, así que me lancé a probar como entrenadora y así fue como encontré una plaza de trabajo en el club en el que estoy ahora, North Shore Trampoline Club, en donde soy Trampoline Head Coach.

En plena acción

¿Desde el 2013 que trabajas con ese club? 

Sí, tuve mucha suerte, hice la Talent (Arts, Culture, Sports) Work Visa con ellos, un papeleo tremendo, súper arduo y largo. Si tengo que decir si fue costoso o no conseguir este tipo de Visa, no sabría decirte. Si hoy en día lo pienso, con todas las que hay, los procesos y la cantidad de personas que aplican a las mismas, pienso que fue muchísimo más fácil porque yo ignoraba todo eso, como te dije antes, no tenía mucha idea del tema. Cuando uno no sabe qué tan difícil puede ser algo, a veces es una suerte.

Conseguiste la Talent Visa, ¿cómo hizo tu marido para poder acompañarte? 

Bueno, espérate, porque cuando arrancamos con todo ésto no estábamos casados. Entonces lo hablamos y como  estábamos enamoradísimos decidimos casarnos para venirnos juntos. Hicimos una boda casi express pero fue la mejor boda del mundo. ¡Hasta se han formado parejas gracias a mi matrimonio! Y así pudimos hacer todo el papeleo para que él consiguiera su work visa conmigo. Lo que a él lo benefició también porque no estaba atado a ningún tipo de trabajo, sólo a mí. (Risas)

CUANDO LA ACTITUD Y EL ESFUERZO ES TODO: VISAS, LENGUAJE Y OSADÍA.

Hoy en día hay muchos jóvenes que intentan aplicar a Visas de trabajo desde el exterior ¿Considerás que es difícil que te contraten cuando no te conocen o no conocen tu trabajo? 

Es complicado pero posible. Hay que animarse y mandar cvs como hice yo. En mi caso, mi jefa de entonces, quien era la Presidenta del Club, hizo un trabajo maravilloso para poder traerme. Recuerdo que habíamos quedado para hacer una entrevista por Skype, un domingo por la mañana y yo súper relajada, creía que tenía mejor inglés que el que realmente tenía para ese entonces. ¡Hasta me habían mandado las preguntas, imaginate! Estaba súper confiada, bien con mi mentalidad terca de española. Me levanto ese domingo y veo las preguntas. ¡Eran 50! Y me las hicieron todas, no te miento. Del nivel de inglés que yo tenía para ese entonces, aún hoy, casi 10 años después, me siguen recordando esa entrevista. “¡Ay, Rosa, qué nivel más malo que tenías!”. Hasta mis alumnos me decían que no me entendían. (Risas)

Aparte me imagino que lo tuyo es muy técnico, respecto a entrenamientos, reglas, posiciones. No debe ser fácil expresarse cuando no manejas bien el idioma.

Cuando tú trabajas en tu propio campo es más fácil darse a entender, porque sabés de qué va. Para mí hubiese sido más difícil si me ponía a trabajar en un supermercado o de camarera. Todos esos trabajos, que son los primeros que le dan al inmigrante, para mí requieren mayor nivel de inglés porque estás en contacto con gente y tenés que entablar conversaciones todo el tiempo. Recuerdo que cuando llegué, iba al supermercado y tenía pánico de que me preguntaran algo. Me preguntaban por la tarjeta y yo decía yes, yes. No tenía idea de qué me decían, no sé cuánto tiempo me pasé diciendo yes a todo.

¿Te ha pasado en algún momento de querer largar todo y volver a España?

El inmigrante siempre tiene el corazón dividido pero no he pensado en volver a vivir allá. Sí me gustaría poder ir más de visita pero es mucho dinero también y nosotros somos 3, porque como buena inmigrante llegué y a los 7 meses quedé embarazada. (Risas)

¿Interfirió en tu trabajo el que hayas quedado embarazada a menos de un año de haber conseguido el empleo? 

Para nada, seguí dando clases con una barriga de casi 8 meses. Aparte este país es espectacular, he podido llevar a mi hijo a la oficina, he estado dando clases con él subido encima, sin ningún problema. Eso olvídate que suceda en Europa. Este año quería regresar a visitar a mi familia pero como tengo la competencia de Japón se me complicó.

Elongando

MUNDIAL DE TOKYO: World Age Group Competetitions.

Sí, el próximo 5 – 8 de diciembre es la World Age Group Competetitions en Tokyo, Japón, ¿cuándo se van?

El equipo y yo nos vamos el 29. Vamos unos días antes porque están los entrenamientos y los chicos tienen que habituarse al espacio, a los horarios, no es fácil estar en un lugar distinto de trabajo. Por suerte el equipo ha obtenido una subvención y vamos a poder hacer actividades típicas asiáticas, conocer y recorrer un poco, estamos muy emocionados. 

¿Cuántas personas llevas en tu equipo?

Voy con 3 chicos de mi club. Para ingresar en este campeonato tienen que conseguir una marca, que la medimos con un sistema que se llama i-track, y además tienen que conseguir un nivel 3, que cuenta de puntos y dificultad mínima y cuesta bastante conseguirlo. Pensá que es todo el año que compiten para poder sacar ese puntaje. Es todo un proceso. Por mi club es la primera vez que conseguimos 3 concursantes: Ryan Jefferson (14), Nathan Monkton (16), ambos compiten en el Mundial de Edades, y Lachlan Smith (21), que se ha clasificado para la high performance, el súper nivel de los mejores del mundo. Estoy muy orgullosa de ellos, de todo el trabajo que han hecho a lo largo de todos estos años, que hizo que hoy en día estén donde están.

Me llama la atención que sean todos varones. ¿Has llevado a alguna mujer en los otros campeonatos?

Sí, el año pasado fuimos a Rusia con una de las nenas. Nuestro objetivo por lo general es siempre meternos en la final. En la final generalmente entran los 8 mejores y la niña quedó 7°. Pero este año no clasificó para el Mundial porque tuvo que operarse de un tobillo.

¿Es muy caro especializarse en este tipo de disciplina acá en Nueva Zelanda?

Sí, es caro ya que en trampolín no hay tanto dinero. Y no es sólo el entrenamiento, para este tipo de competencias, los chicos tienen que pagarse el viaje completo, el hospedaje, todo. Te imaginarás que no es barato. Es un deporte caro, no sé cuánto pagarán en el club, pero sé que es un dinero importante. ¡Se paga por hora! Pensá que estos niños entrenan 4 ó 5 veces a la semana. En España sí que lo veía barato pero porque estaba financiado por el gobierno.

¿Hay alguna edad en la que uno diga “bueno, hasta acá llegué, me tengo que retirar”?

Lo que limita a muchos atletas es el tema de la vestimenta, no tanto el tema de la edad. Llega un momento que tú ya no te ves con un cuerpo como para estar con una shorcito pequeño haciendo piruetas. He visto en Australia a un tipo de más de 50 años compitiendo, a nivel alto, pero es un tipo que nunca ha parado. Pero, ¿competir yo? Para nada, no me mueve hoy por hoy. A mí me encanta mi rol de director de película, mis alumnos son los actores y yo estoy detrás. (Risas)

EL VIAJAR TE TE HACE MEJOR PERSONA, TAKE THE RISK.

¿Existe mucha rivalidad en este tipo de competencias?

Hay rivalidad, como en todo deporte, pero he notado que cuando estaba en España, la rivalidad era feroz. Se vive mucho a nivel supervivencia. Nueva Zelanda me ha enseñado un aspecto de comunidad increíble. Desde que vivo aquí tengo una apertura de mente y una confianza que antes no tenía.

¿Cuál sería tu máximo objetivo como entrenadora?

Para mí, mi goal sería tener y dejar amor por este deporte y que mis alumnos recuerden, cuando tengan 50 años, que ésta fue una etapa de su vida espectacular, si es que no siguen de jueces o entrenadores. Busco el lazo entre mis alumnos, crear una familia, un vínculo.

Para ir cerrando, si tuvieses que dar algún consejo a las personas que piensan en salir de su zona de confort y emigrar, ¿cuál sería?

Hay que irse estando preparados, crearse un plan. Si estás atorado en tu país, si hay cosas que no te gustan, create el plan y hazlo, sigue ese sueño, dedícale tiempo. Haz que se te dé, porque si te esfuerzas y trabajas para eso, las cosas se dan. Por otro lado, también hay que ser conscientes, se extraña mucho. En mi caso, lo que más extrañaba era a mi familia, mis amigas de toda la vida y la comida. (Risas) El primer año la gente tiene que saber que no va a ser fácil. Vente para acá o para donde sea que quieras ir, pero ten conciencia que será complicado. Vas a estar sin tu familia, sin tus amigos, sin tus cosas. Vas a estar comiendo lo que se pueda. Pero también hay que venir con la idea de disfrutar, de conocer. Uno cuando se va, empieza desde 0, hay que ganarse el lugar, todo es mérito en la vida. Muchas veces hay que tragarse el ego y ser humilde. Como vengas aquí con el aire europeo, que te llevas todo por delante, te bajan de un golpe. Lo que me gusta de este país es que no es noticia que alguien devuelva una cartera por ejemplo. Piensas en la empatía, piensas en la persona que perdió esa cartera, cómo se estará sintiendo y la devuelves. Anímense a venir y a disfrutar de este lugar, que Nueva Zelanda te hace mucho mejor persona también, estoy segura de eso. 

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